Ayer, estaba en la estación A.Guimerá esperando el metro, conversaba con una chica; un señor se sentó al lado mío y al escucharme hablar, dedujo que yo era argentina.
Este buen hombre, empezó a hablar y hablar y a reírse, parecía que le habían dado cuerda; hablaba de Franco, de Valencia, de Perón, etc.; decía:
“Odio Valencia, odio a Franco, aquí está enquistada la DERECHONA española, no la DERECHA”, le pregunté de dónde era, me dijo que del Cabanyal, un barrio cerca de casa; continuó diciendo:
“Soy ROJO, ¿y qué?, Uds. deben conocer la historia, deben saber que Argentina mandaba los barcos cargados de trigo y Franco los vendía, así como llegaban esos barcos, eran enviados a Suiza y la carne congelada que llegaba, había que cortarla con sierra y en esa época no había sierras”. “Argentina hizo mucho por España”.
Subió al mismo metro que yo, después, vino a sentarse al frente mío y continuó hablando; la mujer que venía sentada a su lado, lo quería comer con la mirada, a un costado mío viajaban unos muchachos bolivianos y se reían y asentaban con la cabeza lo que decía este buen hombre.
Continuó hablando:
“Aquí dicen que hay que olvidar el pasado, ¿por qué hay que olvidarlo?, si esa historia pertenece a nuestros padres y abuelos y hay que hacerla conocer”.
“Argentina es un país de gente culta, yo no leo mucho pero conocí a Luis Borges, a ese que tenía el ojo cerrado y decía todo”.
Algo decía de que Londres había ocultado no sé qué, en el pasado; no le entendía muchas cosas porque hablaba y se reía; bajé del metro y saludó muy correctamente; un
cincuentón simpático y conversador, no era ningún loco, ni mucho menos.
TODO UN PERSONAJE.
Graciela.